viernes, 15 de enero de 2010

Estrellas de mar

Un escritor que estaba en su casa de la playa terminando su última obra, todas las mañanas muy temprano salía a pasear por la costa unos minutos antes de empezar su trabajo. Esa mañana, observó a la distancia un joven que parecía estar bailando... corría hacia el mar, levantaba sus brazos, daba la vuelta y volvía a repetir el movimiento una y otra vez.

Lentamente el escritor se fue acercando al joven hasta que, al aproximarse vio que en realidad estaba recogiendo algo de la arena y que luego se acercaba al agua para tirarlo mar adentro.

Ya más cerca, vio que el joven tomaba estrellas de mar que habían quedado en la arena al bajar la marea y corría hasta el agua para arrojarlas tan lejos como podía mar adentro.
Al llegar a su lado, el escritor le preguntó:
- Buen día, ¿qué estas haciendo?
- Salvo estrellas de mar antes de que el sol las deshidrate y mueran, - contestó el joven sin abandonar su empeño.
- Pero, ¿no te das cuenta que es una tarea inútil? - le dijo el escritor. En estos momentos debe haber miles o millones de estrellas que quedaron fuera del agua y jamás podrás salvarlas a todas.

El joven se detuvo sólo un instante, miró la estrella que llevaba en la mano en esos momentos, luego giró su cabeza hasta enfrentar los ojos del escritor y le dijo:

- No importa, quizás no pueda salvar a todas, pero al menos ésta que tengo en la mano notará la diferencia... y continúo febrilmente con su tarea.

El escritor meneó su cabeza, completó su caminata y se sentó a continuar su trabajo. Sin embargo, algo lo incomodaba y daba vueltas en su cabeza.

- "Al menos ésta notará la diferencia", era la frase que lo inquietaba. Finalmente lo comprendió... aún un pequeño cambio que en nada afecta los resultados finales SIEMPRE es valioso para quién se beneficia de él.

Para ESA estrella, ¡¡ era muy valioso ser rescatada!!
A la mañana siguiente muy temprano, un caminante ocasional advirtió con asombro, que dos personas - una mayor y otra más joven - parecían bailar junto a la playa... corrían hacia el mar, levantaban sus brazos, daban la vuelta y volvían a repetir el movimiento una y otra vez.
Lentamente empezó a acercarse para ver que ocurría...

Anónimo

¿No será hora de que empecemos a buscar nuestras propias estrellas de mar?

martes, 5 de enero de 2010

El gusanito

Un pequeño gusanito caminaba un dia en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un chapulín.

Hacia donde te diriges...??, le preguntó
sin dejar de caminar, la oruga contestó:

Tuve un sueño anoche; soñé q desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo q ví en mi sueño y he decidido realizarlo.

Sorprendido, el chapulin dijo mientras su amigo se alejaba:

Debes estar loco!, ¿cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Tú, una simple oruga! Una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable.

Pero, el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó. Sus diminutos pies no dejaron de moverse. De pronto se oyó la voz de un escarabajo:

Hacia donde te diriges con tanto empeño?
Sudando ya, el gusanito, le dijo jadeante:

Tuve un sueño y deseo realizarlo. Subiré a esa montaña y desde ahí contemplaré todo nuestro mundo.

El escarabajo no pudo contenerse y soltando la carcajada le dijo:
Ni yo, con patas tan grandes, intentaría una empresa tan ambiciosa

Él se quedó en el suelo, tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo modo, la araña, el topo, la rana y la flor aconsejaron a nuestro amigo a desistir.

No lo lograrás jamás! - le dijeron- pero en su interior habia un impulso q lo obligaba a seguir. Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar.

Estaré mejor, fue lo último q dijo, y murió.

Todos los animales del valle por días fueron a mirar sus restos. Ahí estaba el animal más loco del pueblo. Había construido como su tumba, un monumento a la insensatez. Ahí estaba un duro refugio, digno de uno q murió por querer realizar un sueño irrealizable.

Una mañana en la q el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello q se habia convertido en una advertencia para los atrevidos. De pronto quedaron atónitos.

Aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y una antena q no podía ser la de la oruga q creía muerta.
Poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas arcoiris de aquel impresionante ser q tenían frente a ellos: UNA HERMOSA MARIPOSA

No hubo nada q decir, todos sabian lo q haria:
- Se iría volando hasta la gran montaña y realizaría su sueño por el q habia vivido, por el q había muerto y por el q habia vuelto a vivir.

- Todos se habían equivocado

................................................

Hemos nacido para realizar un sueño:

- Vivamos por él, intentamos alcanzarlo,
pongamos la vida en ello y si nos damos
cuenta q no podemos, quizá necesitemos
hacer un alto en el camino y experimentar
un cambio radical en nuestras vidas y entonces,
con otro aspecto, con otras posibilidades
y con el poder q la vida nos dá,
lo lograremos

EL EXITO EN LA VIDA NO SE MIDE
POR LO Q HAS LOGRADO, SINO POR
LOS OBSTACULOS QUE HAS TENIDO
QUE ENFRENTAR EN EL CAMINO...

lunes, 4 de enero de 2010

Lo que más importa es el amor

En mi primer día de labores como el profesor adjunto de pedagogía en la Universidad del Sur de California, en Los Angeles, entré en el aula sintiéndome presa de una terrible angustia. Un frio silencio fue la respuesta de la clase atestada a mi tímida sonrisa y breve saludo. Hojeé un momento mis anotaciones y dí inicio, balbuceando a mi disertación. Nadie parecía hacerme el menor caso.

En ese momento advertí la presencia, en la quinta fila, de una joven de porte tranquilo, vestida de blanco. De piel bronceada, ojos vivaces color castaño y cabellera dorada, su animado semblante y sonrisa cordial me alentaron a seguir adelante.

Atenta a mi exposición, ella asentía con la cabeza o con un "sí", y tomaba notas. Proyectaba la confortante sensación de que le interesaba cuando trataba yo de transmitir, de manera tan insegura.

Empecé a dirigirme a ella, y recobré la confianza y el entusiasmo. Minutos después, me atreví a pasar la mirada por toda el aula. Los demás estudiantes habían empezado a entender y tomaban notas. aquella extraordinaria muchacha me habia sacado del aprieto.

Al terminar la lección, revisé la lista en busca de su nombre: - se llamaba Gladys

En las siguientes semanas leí sus trabajos. Redactaba con creatividad, sensibilidad y fino sentido del humor.

Yo habia pedido a mis discípulos que pasaran a verme a mi oficina durante el semestre escolar, y aguardaba con especial interés a Gladys. Deseaba decirle cómo me había salvado aquel día y alentarla a que desarrollara sus cualidades de persona considerada y perspicaz.
- Pero jamás se presentó

Unas cinco semanas después de iniciado el semestre, se ausentó durante dos semanas. Pregunté la causa de su ausencia a los estudiantes que se sentaban cerca de ella, y me sorprendió enterarme que ni siquiera sabían su nombre.

Recordé la dura observación de Albert Schwitzer:
-"Estamos todos tan juntos, y sin embargo, todos estamos muriendo de soledad..." Fui a ver a la jefa administrativa de la sección de mujeres.

En cuanto mencioné el nombre de Gladys, la dama se sobresaltó y exclamó:
-"Oh, lo siento mucho, Leo; supuse que ud estaba enterado..." Gladys se había dirigido en su auto a los Acantilados del Pacífico, encantadora población cercana a Los Angeles, donde los ricos caen a plomo sobre el mar.

Allí, según declararon unos paseantes horrorizados, se arrojó hacia la muerte. ¡Gladys tenía apenas 22 años!, el don divino de su individualidad se había perdido para siempre. Llamé por teléfono a sus padres. La ternura con q su madre se refirió a ella me indicó que la habían amado.
Pero era obvio para mí que ella no se había sentido amada.

-"Qué estamos haciendo?", pregunté a un colega.
-"Nos ocupamos demasiado en enseñar cosas. ¿De qué sirvió haber enseñado a Gladys a leer, escribir, hacer cuentas, si jamás le inculcamos lo que realmente necesitaba aprender?, a vivir jubilosamente, a valorarse, y a tener conciencia de su propia dignidad"

Quise ayudar a quienes necesitan sentirse amados
Daría un curso acerca del amor. Me pasé varios meses buscando en libros algo que pudiera servirme, pero fue poco lo q hallé.

Casi todos los textos trataban el tema con un enfoque sexual o romántico. ¿Era escaso lo que había sobre el amor en general?. Sin embargo, consideré que si yo actuaba como mero facilitador, mis discípulos y yo podríamos enseñarnos mutuamente a aprender juntos.
- Llamé al curso "Lecciones de Amor". Bastó que lo anunciara una sola vez para q se llenara el aula de asistentes a esa materia extracurricular.
Proporcioné a cada participante una lista bibliográfica, pero prescindimos de textos obligatorios, de requisitos de asistencia y de exámenes.
Sólo compartíamos nuestras lecturas, ideas y vivencias. Partía yo del supuesto de que el amor se aprende.

Nuestros "maestros" son quienes aman y se relacionan con nosotros. De no encontrar modelos de amor, creceremos necesitados de amor y sin la capacidad de amar.
La venturosa posibilidad - propuse a mis alumnos - es q se puede aprender a amar en cualquier momento de la vida, si estamos dispuestos a dedicarle el tiempo, la energía y la práctica necesarios.
Pocos faltaban a una sola sesión de "Lecciones de Amor". Los participantes tenían q apretarse unos junto a otros a medida q llevaban consigo a sus padres, hermanos, amigos, cónyuges e incluso abuelos.
Una de las primeras cosas que intenté aclarar fue la importancia del contacto físico. "¿Cuántos de ustedes han abrazado fuertemente en la última semana a alguien que no fuera s novio, novia o cónyuge?
Pocos levantaban la mano.
- Una estudiante afirmó:
- "Siempre temo que se interpreten mal mis intenciones". La risa nerviosa q cundió me reveló q muchos compartían este punto de vista.
- "El amor necesita expresarse físicamente", repuse.
- "Me siento afortunado de haber crecido en el seno de una familia italiana, efusiva, en q nos abrazábamos mucho".
Asocio los abrazos con un género de amor más universal. Pero si ustedes temen q se les interprete mal, comuníquenle sus sentimientos a quien estén abrazando. Para aquellos que realmente no se sientan molestos si los abrazan, "bastará un fuerte apretón de ambas manos para satisfacer su necesidad de caricias"

Iniciamos las costumbre de abrazarnos unos a otros al final de cada sesión. Con el tiempo, los abrazos se convirtieron en forma habitual de saludo en la universidad, entre los alumnos de mi curso.
Jamás concluíamos una sesión sin un plan para compartir amor. Cierta ocasión, decidimos expresar gratitud a nuestros padres, lo cual suscitó reacciones memorables.

Para uno de los estudiantes, excelente jugador del equipo de fútbol de la universidad, la tarea resultó especialmente incómoda.
Sentía un gran amor, pero era incapaz de expresarlo. Tuvo q armarse de gran valor y determinación para ir a la sala de su hogar, hacer q su padre se pusiera de pie y darle un fuerte abrazo.
Le dijo:
- Te quiero, papá - y lo besó. Al hombre se le llenaron los ojos de lágrimas y musitó:
- Lo sé, hijo. Yo también te quiero.

Los años que he dedicado a mis "Lecciones de Amor", han sido los más estimulantes de mi existencia. Al proponerme abrirles las puertas del amor a otros, descubrí q también, se han abierto para mí.
No hace mucho, comí en una fonducha en Arizona. Al pedir chuletas de cerdo, alguien comentó:
- "¿Está usted loco? ¡nadie come tal cosa en un lugar como este!"
Sin embargo, me parecieron exquisitas.
- "Me gustaría conocer al cocinero", indiqué al dueño. Fuimos a la cocina, y allí estaba el hombre, corpulento, sudoroso.
-¿Qué sucede? ¿Alguna queja? - vociferó
- No, esas chuletas estaban de primera - respondí
Me miró como se mira a un loco. Se advertía a las claras q le resultaba difícil aceptar el cumplido.
Luego, me propuso con gran cordialidad:
- ¿Le cocino otra?
-¿No es maravilloso? de no haber aprendido a amar, habría pensado gratamente en esas chuletas, pero, quizá no le hubiese dicho al cocinero, así como dejé de expresarle a Gladys lo mucho q me había ayudado en mi primer día como maestro

Leo Buscaglia

La búsqueda del amor han hecho de mi vida algo maravilloso. Pero, como habría sido mi existencia de no haber conocido a Gladys?...
Estaría aún balbuceando mi tema ante los estudiantes, ajeno a los vulnerables seres humanos que se ocultan detrás de las máscaras? Gladys me arrojó el guante, y yo,lo recogí! Tal fue la motivación del cambio.
-¡Cómo quisiera q Gladys estuviera hoy aquí, conmigo! La abrazaría fuerte y le diría:
-¿Mucha gente me ha ayudado a saber q es el amor, pero tú me diste el primer impulso. ¡Gracias! Te quiero!"
Más estoy convencido de q, en alguna forma misteriosa, el amor q le tengo a Gladys ya ha viajado hasta ella.

He aquí una de las cosas en q consiste el
amor: compartir nuestro gozo con la gente.
Otro secreto del amor radica en percatarse
q uno mismo es un ser especial; de q no
hay en todo el mundo una pesona igual a
otra.
Si tuviera una varita mágica y pudiera pedir
la realización de un deseo, tocaría atodo
el mundo con ella y haría q cada persona
dijera con convicción:

- "En este instante me agrada como soy. Y
me gusta lo q puedo ser"